El acuerdo entre Estados Unidos y el gobierno interino venezolano para la comercialización de crudo ha reactivado el debate sobre el futuro de la industria petrolera en la región y sus implicaciones para México.
Para el analista energético Gonzalo Monroy, el impacto inmediato del anuncio es limitado, ya que no implica un aumento real de la oferta global, sino un cambio en los canales de comercialización del petróleo venezolano.
El verdadero desafío, advierte, está en la reconstrucción de una industria petrolera deteriorada, que requeriría años de inversión sostenida, certidumbre jurídica y condiciones de mercado favorables para atraer capital extranjero.
En el caso mexicano, el escenario se complica por la caída en la producción nacional y la presión que ejerce la autosuficiencia energética, en un contexto donde nuevos proveedores podrían desplazar a Pemex en mercados estratégicos.
Más que una amenaza inmediata, el reacomodo energético regional representa una señal de alerta sobre la fragilidad del sector petrolero mexicano y la necesidad de una estrategia de largo plazo.






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