Venezuela vive un clima de tensión e incertidumbre tras la captura del presidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, mientras las autoridades locales han reforzado medidas de control y represión ante cualquier expresión pública que celebre su derrocamiento. En distintas regiones del país, ciudadanos intentan retomar actividades cotidianas en medio del temor a represalias.
Desde el lunes, cuando Delcy Rodríguez asumió la presidencia encargada, organizaciones de derechos humanos alertaron sobre el endurecimiento de las acciones gubernamentales. Se han instalado retenes en ciudades principales y se reporta un aumento en la vigilancia, así como restricciones a la movilidad y a la libertad de expresión.
Ese mismo día fue emitido un decreto que concede facultades extraordinarias al Ejecutivo y ordena a los cuerpos de seguridad detener a personas que promuevan o respalden la operación militar estadounidense. La medida ha generado preocupación entre activistas y periodistas.
El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa denunció la detención temporal de al menos 14 comunicadores que cubrían actividades oficiales, sin que se informaran los motivos. Asimismo, colectivos civiles señalaron que presos políticos permanecen incomunicados y sin derecho a visitas.
En Caracas, la presencia policial continúa siendo visible, aunque con menos patrullajes militares. Las manifestaciones de rechazo al gobierno son escasas y la actividad en redes sociales ha disminuido, reflejo del temor que persiste entre la población.
Pese a este escenario, oficinas públicas, transporte y comercios operan de manera parcial. Los venezolanos, acostumbrados a años de crisis, buscan adaptarse nuevamente, aunque enfrentan señales de alerta económica como la devaluación del bolívar y el incremento en los precios de productos básicos.





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