El embarazo en niñas y adolescentes continúa siendo una de las problemáticas sociales más graves en México, con cifras que evidencian su persistencia a lo largo del territorio nacional. Autoridades han reconocido que se trata de un fenómeno complejo, asociado a factores como la pobreza, la falta de acceso a la educación y la desigualdad social.
De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Salud, durante 2024 se registraron más de 92 mil nacimientos de madres adolescentes de entre 15 y 17 años. Sin embargo, la situación resulta aún más alarmante al observar los embarazos en niñas de entre 10 y 14 años, grupo en el que se contabilizaron al menos 8 mil nacimientos.
Estas cifras revelan que, en promedio, durante el año pasado, 21 niñas menores de 15 años se convirtieron en madres cada día en el país. Especialistas advierten que estos embarazos implican altos riesgos para la salud física y emocional de las menores, además de consecuencias sociales y educativas de largo plazo.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía señala que entidades como Guerrero y Chiapas encabezan las tasas más altas de fecundidad adolescente. Este último estado ha concentrado la atención pública recientemente por casos de niñas muy pequeñas que enfrentaron partos en condiciones críticas.
En cuanto a la edad de los padres, datos del Consejo Nacional de Población indican que la mayoría de los progenitores de estos nacimientos se encuentra en rangos de edad cercanos a la adolescencia, principalmente entre los 15 y 19 años. No obstante, también se registran casos donde los padres son adultos mayores de 20 años.
Las autoridades han reiterado la necesidad de fortalecer políticas públicas enfocadas en educación sexual integral, prevención de la violencia y acceso a servicios de salud, con el objetivo de reducir una problemática que, pese a los esfuerzos, sigue afectando a miles de niñas en México.





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