La reciente recepción de 300 millones de dólares por la venta de petróleo venezolano a Estados Unidos evidencia un viraje en la política energética que predominó durante más de dos décadas en Venezuela.
La operación, supervisada por Washington, se da en un contexto de colapso productivo de Petróleos de Venezuela y tras años de sanciones que redujeron drásticamente la exportación de crudo al mercado estadounidense.
Durante la etapa previa al chavismo, Venezuela mantenía una relación comercial sólida con Estados Unidos, apoyada en altos niveles de producción y en la operación de filiales como Citgo dentro del mercado norteamericano.
Sin embargo, la confrontación política iniciada con Hugo Chávez y profundizada en años posteriores provocó el aislamiento progresivo del país y una caída histórica en la producción petrolera, que llegó a mínimos inferiores al millón de barriles diarios.
El nuevo esquema de comercialización, impulsado desde Estados Unidos, marca el fin del modelo petrolero chavista y abre una etapa incierta sobre el control, destino y beneficios futuros del principal recurso económico venezolano.





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