La reunión sostenida el pasado 17 de enero en Palacio Nacional entre la presidenta Claudia Sheinbaum y un grupo de ocho economistas de reconocido perfil académico dejó un mensaje común que, aunque expresado con matices técnicos, fue claro: el modelo económico actual es insuficiente para detonar crecimiento sostenido y de largo plazo.
Los economistas Gabriela Dutrénit Bielous, Gerardo Esquivel Hernández, Lorena Rodríguez León, Mariana Rangel Padilla, Juan Carlos Moreno Brid, Héctor Villarreal Páez, Fausto Hernández Trillo y Ana María Aguilar Argáez coincidieron en un diagnóstico que contrasta con el discurso oficial: México no tiene un problema de estabilidad, sino de crecimiento.
Un consenso técnico incómodo.
De forma general, los especialistas subrayaron que el país ha logrado mantener inflación controlada, estabilidad macroeconómica y cierta reducción de pobreza; sin embargo, advirtieron que estos logros descansan sobre una base frágil: bajo crecimiento del PIB, inversión estancada y una productividad que no despega.
El señalamiento central fue que el énfasis del gobierno en el consumo interno y el gasto social, sin un acompañamiento decidido a la inversión productiva, ha generado un equilibrio de bajo crecimiento.
En otras palabras, la economía se sostiene, pero no avanza.
Varios de los economistas enfatizaron que sin mayor inversión pública orientada a infraestructura productiva, ciencia, tecnología e innovación, el país no puede aspirar a crecer por arriba del 3% anual, umbral mínimo para generar empleos formales suficientes y sostener el propio gasto social.
La inversión, el elefante en la sala.
Aunque el tono de la reunión fue institucional, el mensaje implícito fue crítico: la incertidumbre regulatoria, la debilidad del Estado de derecho y la falta de una política industrial clara están inhibiendo la inversión privada, incluso en un contexto internacional favorable como el nearshoring.
Los economistas advirtieron que México está desaprovechando una ventana histórica, ya que otros países competidores están avanzando más rápido en encadenamientos productivos, incentivos territoriales y formación de capital humano.
El riesgo de no ajustar el modelo. El pronóstico compartido por varios de los asistentes es preocupante: si el modelo económico no se ajusta, México corre el riesgo de entrar en una etapa de estancamiento prolongado, caracterizada por:
-Crecimiento promedio inferior al 2%
-Presión creciente sobre las finanzas públicas
-Menor capacidad para sostener programas sociales
-Persistencia de la informalidad laboral
-Pérdida de competitividad regional.
En este escenario, el gasto social dejaría de ser una palanca de bienestar y se convertiría en un factor de vulnerabilidad fiscal, obligando al gobierno a elegir entre recortes, endeudamiento o una reforma fiscal apresurada.
Un mensaje político de fondo.
La reunión fue leída por analistas como una señal de apertura técnica por parte del nuevo gobierno; no obstante, la verdadera prueba será si las advertencias se traducen en ajustes reales al modelo económico.
Por ahora, el mensaje de los economistas fue contundente:
sin productividad, inversión y certidumbre, la estabilidad no alcanza para construir desarrollo.
El reto para la presidenta Sheinbaum no es menor: conciliar su proyecto social con una estrategia económica que permita crecer, o asumir el costo político y económico de administrar un país estable, pero estancado.





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