Reforma de 40 horas podría abaratar el trabajo extra y extender la jornada real, advierten especialistas

La reforma al Artículo 123 constitucional que propone reducir la jornada laboral a 40 horas semanales podría derivar en un abaratamiento del trabajo extraordinario, es decir, en un menor costo para los empleadores por extender la jornada laboral, advirtieron especialistas tras la aprobación del dictamen en Comisiones Unidas del Senado de la República.

De acuerdo con un análisis de la firma Loyo Pérez y Asociados, información que fue brindada al diario El Economista, la modificación legal permitiría que el tiempo efectivo de trabajo alcance hasta 52 horas semanales, mediante un nuevo esquema de horas extras que, lejos de desalentar el exceso de jornada, lo vuelve financieramente más accesible para las empresas.

Jorge Loyo, economista y socio director de la firma, explicó que el concepto de “abaratamiento” se refiere a que las horas adicionales dejarían de representar una penalización económica relevante para el patrón. Con el dictamen aprobado, el límite de horas extras semanales se amplía de nueve a doce, todas pagadas al doble, cuando anteriormente las horas que excedían ese umbral debían pagarse al triple.

Este cambio, detalló el especialista, modifica el incentivo económico del esquema laboral vigente. Al reducir el costo de las horas adicionales, se abre la puerta a jornadas diarias más largas, sin que ello implique una compensación proporcional para la persona trabajadora ni un verdadero fortalecimiento del descanso.

El análisis también señala que, aunque la reforma reduce las horas ordinarias sin disminuir el salario, esto incrementa de inmediato el costo por hora trabajada para las empresas. Sin incentivos fiscales que amortigüen ese impacto, la presión financiera podría ser mayor para las micro, pequeñas y medianas empresas, especialmente durante la transición gradual prevista hasta 2030.

Finalmente, el especialista subrayó que, si bien la iniciativa busca alinearse con estándares internacionales, no incorpora salvaguardas clave como periodos mínimos de descanso entre jornadas. En ese contexto, advirtió que el éxito de la reforma dependerá de ajustes que prioricen la salud laboral y la productividad, evitando que la reducción de horas se traduzca, en la práctica, en jornadas más largas pero más baratas.

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