Al menos 40 países de todos los continentes celebrarán elecciones presidenciales, legislativas o generales a lo largo de 2026, en uno de los ciclos electorales más amplios de los últimos años. Millones de personas acudirán a las urnas en un escenario internacional atravesado por tensiones geopolíticas, conflictos armados, crisis institucionales y señales de desgaste democrático. El resultado de estos procesos será clave para evaluar el estado de la democracia a nivel global.
Organismos de observación electoral advierten que el mapa de votaciones de este año abarca realidades muy distintas. Mientras algunas naciones cuentan con instituciones sólidas y sistemas competitivos consolidados, otras enfrentan restricciones a la oposición, violencia política o emergencias humanitarias que condicionan la transparencia y la participación ciudadana.

En África se desarrollan comicios en medio de transiciones frágiles y disputas por el poder. Países como Benín y Uganda ya iniciaron procesos legislativos y presidenciales, mientras que República del Congo, Etiopía, Zambia, Gambia y Sudán del Sur tendrán elecciones marcadas por retos de seguridad, estabilidad política y confianza institucional.
El continente americano también vive un calendario intenso. Costa Rica abrió el año electoral, mientras que Colombia, Perú, Brasil y Estados Unidos celebrarán votaciones decisivas para el rumbo político regional. En Haití, las elecciones se realizarán bajo un contexto de extrema fragilidad institucional, lo que genera especial atención internacional.
Europa y Asia completan el panorama con procesos influenciados por debates sobre seguridad, migración y modelos de gobernanza. A esto se suman elecciones en Oceanía, como en Nueva Zelanda y Fiyi. En conjunto, 2026 se perfila como un año determinante para medir la fortaleza de las instituciones democráticas y la capacidad de los sistemas políticos para canalizar de forma pacífica las demandas sociales.





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