El próximo 18 de febrero, la Iglesia católica celebrará el Miércoles de Ceniza, una jornada que simboliza el inicio de la Cuaresma y que reúne a millones de creyentes en templos para recibir la tradicional cruz en la frente como expresión de fe y reflexión espiritual.
Este ritual tiene un origen específico, ya que la ceniza utilizada proviene de las palmas bendecidas durante el Domingo de Ramos del año anterior. Según la Universidad Autónoma de Guadalajara, estos ramos se conservan durante meses hasta ser incinerados y bendecidos, en un acto que conecta distintas celebraciones del calendario litúrgico.
Durante la imposición, el sacerdote pronuncia una frase que recuerda la fragilidad de la vida humana y su carácter temporal. El gesto no solo representa una tradición religiosa, sino también una invitación a la introspección y al cambio personal, pilares fundamentales de este periodo.
La fecha marca el comienzo de la Cuaresma, un ciclo de 40 días que antecede a la Semana Santa. Este lapso está dedicado a la oración, el arrepentimiento y la realización de actos de caridad, en memoria del tiempo que, según la tradición cristiana, Jesús pasó en el desierto.
Para los fieles, la cruz de ceniza es un símbolo visible de un compromiso interior. Más allá del acto público, representa una oportunidad para renovar la vida espiritual y reflexionar sobre el sentido de la fe y las acciones personales.






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