Los triciclos eléctricos y bicitaxis se han multiplicado en las calles de La Habana como respuesta a la escasez de combustible que atraviesa Cuba. La reducción en la venta de gasolina y las restricciones al transporte público han impulsado esta alternativa para la movilidad urbana.
Conductores que anteriormente operaban taxis tradicionales o los conocidos “almendrones” han optado por invertir en triciclos para continuar generando ingresos. La gasolina, cuyo precio se ha elevado considerablemente en el mercado informal, ha hecho inviable mantener muchos vehículos en circulación.
La crisis energética se agravó tras la disminución del suministro de petróleo procedente de Venezuela, lo que obligó al gobierno cubano a implementar medidas de emergencia para racionar el combustible disponible.
En talleres de la capital, mecánicos reportan un incremento en la reparación y acondicionamiento de bicicletas y triciclos eléctricos, ante la creciente demanda de transporte. Sin embargo, los frecuentes apagones dificultan la recarga de baterías y limitan la operación continua de estas unidades.
Usuarios señalan que la demanda supera la oferta, especialmente en horarios nocturnos, cuando la circulación de automóviles es mínima. A pesar de los desafíos, los triciclos eléctricos se han convertido en una pieza clave para sostener la movilidad en medio de la crisis energética que enfrenta la isla.






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