Las tensiones diplomáticas y discursivas entre México y España volvieron a tomar relevancia en marzo de 2026, luego de nuevas declaraciones en torno al perdón histórico por los abusos durante la Conquista. El tema, que ha estado presente en la agenda pública desde al menos 2019, continúa generando reacciones políticas en ambos países y mantiene abierto el debate sobre la interpretación del pasado.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, afirmó que no se debe pedir perdón por la historia compartida entre España y México. Durante un mensaje público, la funcionaria pidió “dejar en paz al Rey” y sostuvo que los españoles se sienten “profundamente orgullosos del legado de España en México, y viceversa”.
Ayuso argumentó que la llegada de España al continente americano introdujo una “forma civilizada de ver la vida”, destacando la creación de misiones, universidades, hospitales e infraestructura que, según indicó, aún forman parte del entorno social mexicano. Asimismo, aseguró que algunos grupos indígenas se aliaron con Hernán Cortés, a quien calificó como “padre del mestizaje”.
La funcionaria también señaló que antes de la llegada de los españoles no existía esa “forma civilizada” en las poblaciones indígenas, lo que ha generado críticas por parte de diversos sectores académicos y políticos. Además, resaltó elementos actuales compartidos entre ambos países, como el idioma, la religión y los apellidos, como resultado de la historia común.
Como parte de su argumentación, Ayuso mencionó que el Duque de Ahumada, fundador de la Guardia Civil española, es descendiente del emperador mexica Moctezuma II, lo que, dijo, refleja la conexión histórica entre ambas naciones. Estas declaraciones reavivan posturas encontradas sobre el legado de la colonización.
El debate sobre el perdón histórico ha sido impulsado en años recientes por el gobierno mexicano, que ha solicitado a España reconocer agravios del periodo colonial. Sin embargo, las declaraciones de Ayuso reflejan la postura de sectores políticos en España que rechazan reinterpretar los hechos históricos bajo criterios actuales, lo que mantiene vigente la controversia bilateral.





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