Economía circular: jóvenes universitarios impulsan cambios desde lo local con visión sostenible

 

Hay temas que hace algunos años sonaban lejanos, casi como parte de un discurso técnico reservado para especialistas. La economía circular era uno de ellos. Hoy, sin embargo, comienza a tomar forma en espacios mucho más cercanos, incluso en las aulas universitarias y en las conversaciones cotidianas de quienes se están formando para ejercer en distintos campos profesionales.

Recientemente, estudiantes de la Universidad Vizcaya de las Américas, campus Chetumal, participaron en el Foro sobre Economía Circular organizado por la Universidad de San Buenaventura en Bogotá. Más allá del viaje o la experiencia internacional, lo interesante fue el tipo de diálogo que se generó: uno donde distintas disciplinas coincidieron en una misma preocupación, el cuidado del entorno.

Llama la atención que en este tipo de encuentros no solo participen perfiles tradicionalmente ligados al tema ambiental. Ahí estuvieron jóvenes de Derecho, Psicología, Arquitectura, Diseño Gráfico, Educación, Nutrición, Criminología y Contaduría, lo que deja ver que el reto no es exclusivo de una sola área, sino una tarea compartida.

Uno de los puntos que más aterrizó la conversación fue el enfoque hacia lo local. Hablar de economía circular en hoteles y restaurantes de Othón P. Blanco permitió poner los pies en la tierra. Ya no se trataba solo de ideas generales, sino de pensar cómo reducir desperdicios, optimizar recursos y hacer más sostenibles actividades que forman parte del día a día en la región.

También hubo espacio para compartir lo que se está haciendo desde la investigación. Los estudiantes presentaron trabajos que reflejan inquietudes reales y propuestas que, aunque aún en desarrollo, apuntan a soluciones concretas. Es ahí donde la formación académica comienza a conectar con la realidad.

En ese mismo sentido, la Universidad Vizcaya campus Chetumal ya trabaja en una investigación enfocada precisamente en este tema, aplicada al sector restaurantero y hotelero. No es un dato menor, sobre todo en una zona donde estas actividades tienen un peso importante en la economía local.

Lo interesante será ver qué arrojan esos resultados que, según se ha dado a conocer, estarán listos en septiembre. Más allá de cifras o diagnósticos, lo relevante será identificar qué tanto se puede transformar a partir de ese conocimiento.

Porque al final, de eso se trata: de pasar del discurso a la acción. La economía circular no puede quedarse en foros o presentaciones; necesita aterrizar en prácticas concretas que se vean reflejadas en los negocios, en las instituciones y también en la vida cotidiana.

Quizá lo más valioso de todo esto es que son los propios estudiantes quienes están empujando estas conversaciones. Y eso dice mucho. Habla de una generación que no solo se prepara para trabajar, sino que también empieza a cuestionar cómo quiere hacerlo y en qué tipo de entorno quiere desarrollarse.

Columna por:
Fernando Pacheco Bailón
Aula Abierta

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