Sin fecha, sin avance y con pérdidas: comerciantes y familias, atrapados en obras interminables

 

En Chetumal, lo que comenzó como un proyecto necesario para mejorar el suministro eléctrico, hoy se ha convertido en una fuente constante de afectaciones para ciudadanos, comerciantes y familias enteras.

Sobre la transitada Avenida Juárez, particularmente en el cruce con San Salvador, los trabajos realizados por la Comisión Federal de Electricidad llevan semanas sin mostrar avances significativos, generando una creciente inconformidad social.

Las zanjas abiertas, como la que se observa en distintos puntos de la ciudad, han provocado afectaciones directas al tránsito en una de las avenidas de mayor circulación, obligando a desvíos, congestionamientos y retrasos diarios para miles de ciudadanos.

Pero el impacto va más allá de la movilidad. Negocios ubicados en la zona reportan caídas considerables en sus ventas, derivadas de la dificultad de acceso para clientes, la reducción del flujo vehicular y la percepción de abandono en el área.

Para muchos pequeños comerciantes, estas obras —que no tienen una fecha clara de conclusión— representan no solo una molestia, sino una amenaza directa a su estabilidad económica.

A esto se suma un problema silencioso pero constante: el polvo. La remoción de tierra sin controles visibles ha generado altos niveles de partículas en el aire, afectando a familias que viven o trabajan en la zona. Habitantes señalan molestias respiratorias, irritación en ojos y garganta, especialmente en niños y adultos mayores.

Una obra necesaria… pero mal ejecutada. Es importante señalar que estos trabajos forman parte de un proceso de modernización de la red eléctrica en la capital del estado, impulsado por la Comisión Federal de Electricidad, con el objetivo de mejorar el suministro y reducir fallas eléctricas en la región.

Sin embargo, la falta de avances visibles, la ausencia de información clara sobre tiempos de conclusión y la poca mitigación de impactos han generado una percepción creciente de desorganización y abandono.

Hoy, la ciudadanía no cuestiona la necesidad de la obra, lo que exige es planeación, eficiencia y respeto.

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