Obesidad: epidemia silenciosa

Columna por Dr. Manuel Aguilar O

La importancia de hablar de este tema radica en el aumento constante y sostenido de un gran número de personas con sobrepeso, que frecuentemente nos llevan a la obesidad y que, dependiendo del grado de obesidad, así como del tiempo de padecerla, afectarán a todo nuestro cuerpo, manifestándose en algún momento como enfermedades metabólicas o de cualquier órgano del cuerpo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha señalado que la obesidad reduce la esperanza de vida en México en más de 4 años y absorbe una parte significativa del presupuesto de salud.

Tanto la OCDE como la OMS coinciden en que México enfrenta uno de los desafíos de salud pública más grandes del mundo. Ambos organismos sitúan a México en los primeros lugares tanto de obesidad infantil como de adultos. Históricamente, México fluctúa entre el segundo y tercer lugar de los países miembros de la OCDE en obesidad de adultos, solo superado frecuentemente por Estados Unidos. Aproximadamente el 75% de los adultos padecen sobrepeso u obesidad, siendo más frecuente en mujeres. De acuerdo con la OMS, 13 millones de niños y adolescentes padecen obesidad.

Primero quiero diferenciar entre sobrepeso y obesidad: la Organización Mundial de la Salud (OMS) define el sobrepeso como un IMC (Índice de Masa Corporal) de 25 a 29.9 y la obesidad se refiere a un IMC de 30 o más. En este punto, la acumulación de tejido adiposo es lo suficientemente alta como para ser clasificada como una enfermedad crónica.

A diferencia del sobrepeso, que es una categoría única, la obesidad se divide en niveles de severidad con tres clases diferentes. Para un análisis más preciso, los especialistas suelen complementar el IMC con la medición de la circunferencia de la cintura, ya que la grasa abdominal (visceral) es la que tiene una mayor correlación con problemas metabólicos y la salud del sistema nervioso.

Nuestro país, desde hace ya muchos años, viene ocupando los primeros lugares tanto en obesidad infantil como de adultos. Pese a esto, son muy pocas las medidas que se han tomado para prevenir esta epidemia. Quizá la más efectiva y visible en los últimos años sea la del etiquetado en los productos alimenticios que consumimos.

Sin embargo, actualmente no vemos políticas públicas encaminadas a controlar esta epidemia y, aún más grave, pese a ser considerada la obesidad como una enfermedad, no existen en el sector salud protocolos exactos y definidos para tratar la obesidad como tal, es decir, como una enfermedad, cuando desde el primer nivel debería abordarse con un sistema preventivo.

Ante la inacción del sector salud y asumiendo nuestra responsabilidad ciudadana, es que me atrevo a sugerirles algunas acciones para evitar esta afectación a su salud y la de su familia desde la infancia. Introduzca en su alimentación diaria frutas, verduras y leguminosas, especialmente las de temporada, que suelen ser más económicas.

Beba solamente agua o aguas de frutas naturales; disminuya las porciones de alimentos que consume (por ejemplo, en lugar de comer 10 tacos, coma solamente 4); realice actividad física y, de ser posible, ejercicio diariamente. Evite el azúcar y los alimentos industrializados.

Estas, entre otras medidas, le ayudarán a mantener su salud, la de su familia y prevenir muchas enfermedades, entre ellas la obesidad.

Columna por
Dr. Manuel Aguilar O.
Salud | Calidad de Vida

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