Hay días en los que todo pesa. Días en los que nada fluye como esperamos, en los que las expectativas no se cumplen y las circunstancias se sienten cuesta arriba.
En esos momentos, es fácil quedar atrapadas en la frustración, el cansancio y el desánimo.
Parece que lo negativo crece y lo positivo desaparece. Pero vale la pena preguntarnos: ¿esto es una realidad o una forma en la que nuestra mente está interpretando lo que ocurre?
Cuando atravesamos periodos de estrés prolongado, nuestro cuerpo entra en estado de alerta. Es un mecanismo de protección. Como consecuencia, nuestra atención se dirige a lo que falta y a lo que podría salir mal.
Poco a poco, se forma un círculo difícil: la mente no se detiene, el descanso se altera y recuperar energía se vuelve más complejo.
¿Y si, en lugar de enfocarte en lo que falta, comienzas a notar lo que sí está?
Lo esencial, aquello que solemos dar por hecho.
Detenernos a reconocerlo no es un acto menor. Agradecer lo presente puede interrumpir la rumiación y ayudarnos a salir de estados de tensión emocional.
No es magia, es una forma distinta de relacionarnos con lo que vivimos.
El investigador Robert Emmons, referente en el estudio de la gratitud, ha encontrado que practicarla de manera intencional se asocia con mayor bienestar emocional y una disminución de síntomas depresivos.
Desde otra mirada, el psicólogo Steven Hayes plantea que no se trata de eliminar el malestar, sino de ampliar nuestra perspectiva. La gratitud no niega lo difícil; permite incluir también aquello que tiene valor, incluso en medio de la incomodidad.
Agradecer algo pequeño en un momento complicado puede ayudar a regular nuestra respuesta emocional y disminuir la intensidad del estrés.
Puedes empezar con algo muy simple.
Haz una pausa.
Respira profundo.
Siente tu respiración por un momento.
Y reconoce algo que esté presente ahora mismo:
el hecho de respirar,
de estar aquí,
de tener este instante.
No necesitas que todo esté bien para empezar a agradecer.
La gratitud, como práctica de atención plena, puede ser tanto preventiva como un apoyo en momentos de ansiedad o tristeza.
Puedes comenzar con un ejercicio sencillo: al final del día, escribe de tres a cinco cosas por las que te sientes agradecida. No tienen que ser grandes logros, pueden ser cosas simples: moverte, descansar o haber tenido un momento de calma.
La gratitud no es una moda. Es una forma de entrenar la atención para relacionarte con tu vida desde un lugar más consciente.
Como dijo Cicerón:
“La gratitud no es solo la mayor de las virtudes, sino la madre de todas las demás”.
¿Qué puedes agradecer hoy?
Columna por
Psico. Kathia Marroquín
Mindfulness – Semillas de Conciencia





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