El aumento temprano de los niveles de testosterona durante la pubertad podría estar relacionado con un mayor riesgo de presentar síntomas de depresión y ansiedad en niñas de entre 10 y 12 años.
Lo anterior fue identificado por un estudio publicado recientemente en la revista científica Psychoneuroendocrinology.
La investigación plantea una nueva perspectiva sobre los cambios hormonales asociados con la salud mental en esta etapa del desarrollo.
Durante años, el estrógeno fue considerado la principal hormona vinculada con las alteraciones emocionales durante la pubertad femenina. Sin embargo, el estudio encontró que los incrementos de testosterona y de su precursora, la dehidroepiandrosterona (DHEA), fueron mejores predictores del malestar emocional que los cambios físicos propios de la pubertad o el aumento de estradiol.
El coautor de la investigación, Assaf Oshri, profesor de la Universidad de Georgia y director del Centro de Ciencias del Desarrollo, explicó que la pubertad representa una transformación biológica importante para el cerebro. Señaló que, aunque los cambios físicos aún no sean evidentes, el sistema endocrino puede modificar la sensibilidad al estrés, la reactividad emocional y el estado de ánimo.
Los investigadores indicaron que la testosterona podría aumentar la sensibilidad del cerebro a la retroalimentación social, lo que ayudaría a explicar por qué algunas niñas presentan un mayor riesgo de desarrollar ansiedad o depresión desde etapas tempranas de la pubertad.
El estudio concluye que el periodo comprendido entre los 10 y los 12 años representa una ventana clave para brindar apoyo al bienestar emocional de niñas y adolescentes. Los autores subrayaron que la pubertad no debe verse como un problema, sino como una etapa de mayor sensibilidad que requiere acompañamiento oportuno.





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